Share this story


 | Por Excmo. Mons. Jacques Fabre-Jeune

Queridos hermanos y hermanas en Cristo – Abril 2025

Read this article in English

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

¡Alégrense, porque Él ha resucitado! ¡Proclamen la Buena Nueva de su gloriosa resurrección!

Al concluir la Cuaresma y entrar en la triunfante y jubilosa temporada de la Pascua, los animo a acercar a sus amigos, familiares y vecinos al misterio y la belleza de nuestra fe. La Pascua es la oportunidad ideal para invitar a otros a descubrir por qué creemos en la divinidad de Jesucristo. Nuestro credo se fundamenta en esta verdad, y es una fuente de consuelo y certeza en nuestras vidas.
Primero, cierren los ojos e imaginen, como leemos en el Evangelio de Marcos, el miedo y la confusión que sintieron María Magdalena, Salomé y María, madre de Santiago, cuando encontraron vacío el sepulcro de Jesús.

En segundo lugar, muchas personas en nuestra nación y en nuestras comunidades sienten angustia porque creen que Dios no escucha sus oraciones. Pido a todas las personas de buena voluntad que compartan este mensaje, especialmente con quienes no comparten nuestra fe. La única manera de vencer el miedo es saber con certeza que Cristo ha vencido el pecado y la muerte y ha resucitado victorioso del sepulcro. Las mujeres que estuvieron allí lo vieron y creyeron, como nosotros creemos, que con nuestro Señor resucitado, todo es posible. A través de Él, todos nuestros dolores y sufrimientos pueden ser presentados ante el Padre, expuestos y purificados. Nuestro compasivo y luminoso Jesús nos ha liberado.

Así como Jesús se dio a conocer a los Apóstoles después de su resurrección, él sigue vivo entre nosotros, morando eternamente en los sagrarios de todo el mundo. Él es el redentor de toda la humanidad, para siempre y en todos los lugares.

Por lo tanto, los animo a orar por todos los hijos de Dios, por aquellos que aún no saben cuán profundamente son amados por su Creador, por quienes aún no han descubierto que Jesús murió por pecadores y santos, creyentes y no creyentes por igual. ¡Cuán bendecidos somos de tener un intercesor tan atento, perfecto e inquebrantable en el cielo!

Ruego que ustedes y sus familias tengan una bendecida temporada de Pascua.

“La resurrección es el mayor milagro del cristianismo, y todo depende de ella” (San Pablo VI).

Con el amor de Cristo,

Excmo. Mons. Jacques Fabre-Jeune, CS

Obispo de Charleston