Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo – Septiembre 2026
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Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,
A finales de este mes celebramos la fiesta de san Miguel Arcángel. Esta conmemoración se originó en los primeros siglos de la Iglesia, cuando se construyó una capilla en su honor en el lugar de una aparición, a las afueras de Roma.
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Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,
A finales de este mes celebramos la fiesta de san Miguel Arcángel. Esta conmemoración se originó en los primeros siglos de la Iglesia, cuando se construyó una capilla en su honor en el lugar de una aparición, a las afueras de Roma.
En la Edad Media, tanto en Inglaterra como en gran parte de Europa, esta fiesta trascendió su ámbito local para convertirse en un acontecimiento cultural destacado en la vida de nuestros antepasados cristianos. Al concluir la cosecha con el equinoccio de otoño, era un día en el que se saldaban deudas, los gobiernos pasaban a nuevas manos y comenzaba una nueva temporada de recolección.
San Miguel es el ayudante al que invocamos cuando la vida se vuelve incierta. Cuando experimentamos miedo, tentación, dolor o un júbilo repentino, acudimos al arcángel cuyo nombre significa “¿quién como Dios?”. Él es un modelo de fidelidad a la voluntad de Dios para todos nosotros. El arcángel nos enseña que honrar a Dios es una tarea que debe abordarse con constancia y humildad.
Poco se sabe de la historia de san Miguel más allá de las Escrituras y de las vidas de los santos que tuvieron encuentros con él. En el Libro de Daniel, aparece entre los “miles y miles” que servían a Dios ante el Anciano de Días (7, 10), y en el Apocalipsis encabeza las huestes celestiales en la batalla contra el dragón (12, 7). No actúa por autoridad propia, sino que responde a Dios con todo su ser.
Es un modelo idóneo para los ministerios de servicio en nuestra diócesis, como los Caballeros de Colón y aquellos que acompañan a las personas en el duelo y el sufrimiento. Quienes acompañan a los afligidos —tal como san Miguel acompaña a las almas en la hora de la muerte— realizan una labor que refleja el orden del cielo. Ese orden es, como Cristo dijo a Natanael, aquel en el que los ángeles suben y bajan sobre el Hijo del Hombre (Jn 1, 51).
“San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla” (Papa León XIII).
En el amor de Cristo,
Excmo. Mons. Jacques Fabre-Jeune, CS
Obispo de Charleston