| Por el Obispo Jacques Fabre-Jeune, CS

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo – Agosto 2026

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Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,

En el 19.º domingo del Tiempo Ordinario —el último domingo antes de que los niños de nuestra diócesis regresen a las escuelas católicas— escuchamos poderosos mensajes de las Escrituras que nos preparan a cada uno de nosotros para un nuevo comienzo. Quiero recorrer estos versículos con ustedes para que podamos reflexionar más profundamente sobre nuestra llamada personal a vivir aquello que nos han transmitido nuestros antepasados ​​espirituales.

La Carta a los Hebreos nos dice que “la fe es la garantía de los bienes que se esperan, la plena certeza de las realidades que no se ven” (Heb 11, 1). Esa gozosa toma de conciencia de las muchas verdades de nuestra fe —que todos estamos llamados a conocer, amar y servir a Dios y al prójimo, y a habitar ante él por toda la eternidad— es un gran mensaje con el que nuestros maestros podrían recibir a los alumnos el primer día de clases.

Así como Abraham, “obedeciendo al llamado de Dios, partió hacia el lugar que iba a recibir en herencia, sin saber a dónde iba” (Heb 11, 8), animo a nuestros estudiantes de todas las edades a no tener miedo, sino a abrazar esta hermosa etapa de sus vidas. Crecemos en el conocimiento de nuestro Creador cuando aprendemos matemáticas, ciencias, historia y lengua: todas las disciplinas y estudios sobre el mundo que nos rodea y su funcionamiento. Podemos visualizar vívidamente a nuestro amado Jesús cuando estudiamos teología y escuchamos sobre el ministerio de su vida, muerte y resurrección.

El Evangelio de Lucas también nos recuerda nuestra obligación cristiana de evangelizar, tal como enseñó Jesús: “Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más” (12, 48). Cuando recibimos el tesoro del conocimiento en nuestras escuelas católicas y avanzamos hacia la vida adulta a través de la educación superior, estamos obligados a compartir ese saber fuera del aula con nuestros amigos, familias e incluso con aquellas personas con las que nos crucemos ocasionalmente.

Queridos jóvenes, profesores y personal: les agradezco lo que hacen para llevar a Cristo a la vida de los demás. Los animo a buscar siempre una comprensión más profunda de nuestra fe, mucho después de que suene la campana escolar al final de la jornada. Que sean colmados de los numerosos dones del Espíritu Santo para llevar a cabo todas las cosas para la gloria de Cristo y de su ministerio de esperanza, paz, sanación y misericordia abundante.

“No temas lo que pueda suceder mañana. El mismo Padre amoroso que cuida de ti hoy, cuidará de ti mañana y todos los días” (Santo Tomás de Aquino).

En el amor de Cristo,

Excmo. Mons. Jacques Fabre-Jeune, CS

Obispo de Charleston