| Por el Obispo Jacques Fabre-Jeune, CS

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo – Julio 2026

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Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Al entrar en el mes de julio, nuestros corazones rebosan de gratitud por la libertad que disfrutamos en esta gran nación, de reverencia por los sagrados misterios de nuestra fe y de amor por aquellos que nos han servido tan fielmente a lo largo de sus vidas.

Comenzamos este mes dando gracias a Dios por la bendición de nuestra nación en el 250.º aniversario de su nacimiento. Al celebrar este hito histórico, recordemos que la verdadera libertad no es meramente política, sino espiritual. Somos “una nación bajo Dios”, y es bajo la realeza de Cristo Jesús donde hallamos la unidad tan desesperadamente necesaria en nuestro tiempo: para proteger la vida en todas sus etapas, para reconocer el rostro de Dios en cada persona, para apoyar a la familia como piedra angular de la sociedad y para adorar a nuestro Creador pública y libremente.

Somos verdaderamente bendecidos de que tantas cosas sigan siendo posibles en nuestra tierra libre. Les pido que continúen orando por la paz y la prosperidad de esta nación, por nuestros líderes —a quienes se les ha confiado la salvaguarda de estos derechos— y por todos los servidores públicos que se sacrifican cada día para procurar el bien común.

Como nos recuerda san Agustín, “Nuestros corazones están inquietos hasta que descansan en Dios”. Es con este espíritu que también dirigimos nuestra atención este mes hacia el centro sagrado de nuestra fe: la Santísima Eucaristía. La actividad Via Fidelis de este mes nos invita a leer sobre los milagros eucarísticos y a explorar la extraordinaria colección recopilada por nuestro recientemente canonizado san Carlo Acutis.

En la noche de la Última Cena, el mismo Cristo dijo: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6,54). La Eucaristía no es un símbolo del amor de Cristo; es el amor de Cristo, hecho presente para nosotros en todas las épocas.

Esto se manifiesta con gran claridad en nuestros pastores, quienes han entregado sus vidas en un servicio desinteresado a nuestras comunidades parroquiales, actuando como nuestros principales catequistas y fieles dispensadores de los sacramentos. Nuestra diócesis realizará una segunda colecta este mes, los días 18 y 19 de julio, para contribuir al cuidado de nuestros sacerdotes jubilados y enfermos aquí en Carolina del Sur.

Ahora es nuestro privilegio mostrarles el mismo amor y la misma generosidad que ellos nos han mostrado a nosotros. Muchos de nuestros sacerdotes enfrentan gastos médicos, costos de vivienda y necesidades cotidianas que resultan difíciles de sobrellevar en solitario. Cada donativo a este fondo se destinará directamente a asegurar que disfruten de una jubilación digna y apacible. Asimismo, les pido que tengan presentes en sus oraciones diarias a nuestros pastores jubilados, pues estas les brindan gran consuelo y fortaleza.

En este hermoso mes, que la libertad conquistada hace 250 años nos inspire a vivir con cada vez mayor audacia como discípulos de Cristo. Que la Presencia Real del Señor Jesucristo en la Eucaristía nos adentre más profundamente en su gracia, y que nuestra generosidad hacia nuestros sacerdotes jubilados refleje la gratitud que debemos a aquellos que tanto han entregado por nosotros.

Gracias por su continuo apoyo, por su fe y por su bondad. Que Dios los bendiga abundantemente; que Dios bendiga a nuestros sacerdotes y que Dios bendiga a nuestra nación. Y que sigamos siendo un ejemplo de libertad para otras naciones.

En el amor de Cristo,

Excmo. Mons. Jacques Fabre-Jeune, CS

Obispo de Charleston