Queridos hermanos y hermanas en Cristo – Octubre 2026
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Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
El abandono a la voluntad de Dios es algo que resulta más fácil decir que hacer. Todos deseamos saber qué nos depara el futuro, tanto a nosotros como a nuestras familias. Sin embargo, los santos que confiaron más plenamente en Dios fueron, a menudo, quienes menos sabían sobre lo que traería el mañana.
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Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
El abandono a la voluntad de Dios es algo que resulta más fácil decir que hacer. Todos deseamos saber qué nos depara el futuro, tanto a nosotros como a nuestras familias. Sin embargo, los santos que confiaron más plenamente en Dios fueron, a menudo, quienes menos sabían sobre lo que traería el mañana.
Fue precisamente en esa zona de incertidumbre —en ese “no saber”— donde hallaron su paz más profunda en Cristo y la promesa de la vida eterna.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que Jesús “pide un abandono filial en la providencia del Padre celestial que cuida de las más pequeñas necesidades de sus hijos” (305). Es una invitación a poner nuestras preocupaciones, nuestros planes y nuestras propias vidas en manos de un Padre que ya conoce nuestras necesidades antes incluso de que se las pidamos.
Esta es la misma confianza que santa Teresita de Lisieux —cuya fiesta celebramos este mes— descubrió en su “caminito”. Esta hermosa hija de Dios solo buscaba amar fielmente al Señor en el momento presente, segura de que su gracia bastaba para cualquier cosa que el día trajera consigo. Incluso ante la muerte de su madre, los enfrentamientos directos con una religiosa mayor y la agonía de la tuberculosis, su abandono fue la fuente de su paz; el fruto de un corazón que alcanzó una resignación casi perfecta a la voluntad divina.
Octubre nos invita a cultivar esta misma confianza de manera especial a través del rezo del rosario. Amparados por el manto de la Madre de Dios, quien intercede por nosotros en toda tribulación, se nos anima a seguir su ejemplo de humildad y a decir “sí” sin vacilar. Con cada Avemaría, entreguen sus pensamientos más íntimos, sus alegrías y sus sufrimientos como un pequeño tributo a la infinita majestad de Dios. El miedo a lo desconocido dará paso a la confianza en Cristo y en su Sagrada Familia.
La única certeza que podemos tener es que, algún día, estaremos cara a cara con nuestro Creador. Esforcémonos en cada momento por sacarle una sonrisa y, con un abandono filial, descubramos la paz que ahuyenta todo temor.
“Si no viviera simplemente de un momento a otro, me sería imposible ser paciente; pero solo miro el presente, olvido el pasado y me cuido mucho de no anticiparme al futuro” (Santa Teresa de Lisieux).
En el amor de Cristo,
Excmo. Mons. Jacques Fabre-Jeune, CS
Obispo de Charleston