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 | Por Excmo. Mons. Jacques Fabre-Jeune, CS

Mis queridos hermanos y hermanas en cristo – Abril 2023

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Todos conocemos los relatos evangélicos en torno a la gloriosa resurrección de Cristo. En el relato de Juan, algunos apóstoles corrieron hacia la tumba abierta después de que María Magdalena les informará de que estaba vacía. Y hoy me gustaría hacerles una pregunta importante: ¿Qué provoca en ustedes la noticia de la resurrección de Cristo? ¿Se sienten impulsados a correr hacia nuestro Salvador?

Encontramos alegría en nuestra celebración de la Pascua, aunque hayamos nacido tantos años después del nacimiento, muerte y resurrección de Cristo del sepulcro. Los insto a que consideren su relevancia para nuestras vidas en la actualidad, con la esperanza de que los corazones de cada uno de ustedes se enciendan y sus mentes se llenen de asombro, porque la victoria de Cristo sobre la muerte constituye el núcleo de la fe cristiana.

Mediante un sacrificio que sólo Jesús podía soportar, la humanidad fue redimida y “por sus heridas fuimos sanados” (Is 53, 5). Qué benditos y afortunados somos por ser tan amados por nuestro Creador, que entregaría a su propio hijo al madero de la cruz. Consideren esto: un ser infinito, perfecto, eterno y omnisciente murió por ustedes, personalmente; y lo habría hecho, aunque sólo fuera por uno de nosotros. Piensen cuántos como ustedes comprenden este hecho de la historia y viven por ello.

Reflexionen sobre la cruz, la oscuridad que envolvió al mundo, sólo para ser traspasada por las lenguas de fuego inextinguibles y el resplandor de un rey etéreo. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo proclamaron con una sola voz por qué estamos aquí y por qué merece la pena vivir nuestras vidas: el amor en unión con el amor perfecto.

Así pues, les pido que amen a Dios, amen a su prójimo como a ustedes mismos, mantengan en primer plano la razón por la que celebramos este día. La muerte redentora y resurrección de Cristo no están limitadas por el tiempo y espacio. Su vida es eterna, y en ella encontramos nuestra alegría, nuestra plenitud, y nuestra paz.

Les deseo una feliz y bendecida Pascua. Alégrense, porque Él camina entre nosotros. ¡Canten aleluya, porque Él ha resucitado!

 

En el amor de Cristo,

Excmo. Mons. Jacques Fabre-Jeune, CS

Obispo de Charleston