| Por Hna. Guadalupe Flores

La cruz es el símbolo del amor y la victoria sobre la muerte

Uno de los símbolos que nos caracteriza a todos los cristianos es la cruz, en la cual Jesús dio su vida para salvarnos. Nosotros cada 14 de septiembre recordamos como católicos la fiesta de la Exaltación de la Cruz, donde el emperador Heráclito recobró las reliquias de la Santa Cruz de los persas. 

En esta reflexión me gustaría desarrollar los siguientes puntos: La cruz como una repuesta de Dios, la cruz en la vida de un creyente con fe, la cruz no es sólo un accesorio decorativo y la cruz como símbolo de victoria; estos puntos nos ayudarán a entender mejor el significado de la cruz:

Una respuesta de Dios

Dentro de nuestra fe cristiana, la cruz representa la respuesta de Dios al pecado y a la muerte, que se manifiesta por medio del sacrificio de Jesucristo en la cruz. Este hecho es un símbolo del gran amor, esperanza y redención, donde Dios asume el pecado de todos los seres humanos, de esta manera nos ofrece la salvación. El Papa Francisco dijo: “Desde la cruz de Cristo aprendemos el amor, no el odio, aprendemos la compasión, no la indiferencia, aprendemos el perdón, no la venganza”. 

La cruz es la respuesta de Dios; por amor, nos envió a su único Hijo para que conociéramos y experimentáramos su gran amor. San Pablo, refiriéndose a la cruz, dijo: “Porque el mensaje de la cruz es locura para los que se pierden; pero para los que nos salvaremos es fuerza de Dios” (1 Cor 1,18).

La vida de un creyente

Cada uno de nosotros hemos tenido momentos muy difíciles donde hemos cargado con nuestra propia cruz. Han sido momentos de sufrimiento, dolor, soledad, angustia y muchas veces de desesperación que han marcado profundamente nuestras vidas.  En estos momentos difíciles cuando nosotros ponemos toda nuestra confianza en Dios, como lo hizo Jesús antes de ser crucificado.

Fue al huerto de Getsemaní para entrar en un diálogo profundo con su Padre y le dijo: “‘Mi alma siente una tristeza de muerte’. … Y decía: ‘Abba –Padre– todo te es posible: aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya’” (Mc 14,34-36). Con estas palabras tan profundas, Jesús se preparó para cargar con su cruz.

Nuestra fe nos hace ver que todas estas circunstancias que nos aclaran nuestra unión a la cruz de Cristo. Esta riqueza nos ayuda a crecer espiritualmente en el amor de Dios y de nuestros semejantes, nos ayuda en nuestra relación con el Señor y abre nuestro camino a la santidad, por lo que podemos decir que la cruz no es un símbolo de muerte; más al contrario, es un símbolo de vida.

No es un accesorio decorativo

Muchas veces, se utiliza la cruz como un objeto llamativo o un accesorio de moda. Sin embargo, debe ser un signo que representa nuestra manera de vida, un testimonio de nuestra fe que profesamos, donde la transformemos en hechos reales que nos inviten a ayudar a nuestro prójimo. Porque de esta manera estamos imitando o siguiendo el camino de Jesús.

La cruz para cada creyente debe convertirse en un estilo de vida, donde siempre debamos buscar hacer el bien en cada momento en el lugar donde nos encontremos. Porque si tenemos una cruz con nosotros, debemos portarla con dignidad como hijos de Dios. 

El Papa Francisco dijo: “El testigo que lleva la cruz en el corazón y no sólo al cuello; no ve a nadie como enemigo, sino a todos como hermanos y hermanas por los que Jesús dio su vida. El testigo de la cruz no recuerda los males del pasado y no se queja del presente. … No busca sus propias ventajas para después parecerse piadoso”. Por lo cual, portar una cruz debe ser nuestra identificación de cristianos.

El símbolo de victoria

Para nosotros, los cristianos, la cruz es tan importante, porque la cruz no es un símbolo de fracaso, más al contrario. Simboliza la victoria sobre la muerte y el pecado. Este hecho es un acontecimiento central en nuestra fe cristiana. Por medio de ella, Jesús derrotó a la muerte y nos dio la salvación a todos los que creemos en él. Por lo que, nosotros tenemos nuestra esperanza y confianza de que Cristo nos dará la vida eterna.

“Que la cruz de Jesús es un signo de victoria sobre el pecado y la muerte, aunque a primera vista pueda parecer un símbolo de derrota”, dijo el Papa Francisco. “En la cruz, Jesús, asumió los pecados del mundo y venció a Satanás, demostrando que el amor y la misericordia de Dios triunfa sobre el mal. La cruz, por lo tanto, no sólo representa el sufrimiento de Jesús, sino también su victoria y nuestra salvación”.

La cruz como una respuesta de Dios, en la vida de un creyente, no es un accesorio decorativo; es un símbolo de victoria; es fuente de esperanza para todos los que hemos puesto nuestra fe y esperanza en Cristo crucificado y resucitado; de esta manera, nuestra relación con Dios se hace más fuerte. Debemos renovar continuamente nuestra fe en Cristo resucitado, para que el sacrificio de Jesús, nos transforme y nos una más a todos los creyentes en el amor a Cristo. 

Como nos dijo el Papa Benedicto XVI: “La nueva arma que Jesús pone en nuestras manos, es la cruz, signo de reconciliación, de perdón, signo del amor que es más fuerte que la muerte”.


La hermana Guadalupe Flores, OLVM, es la coordinadora de Formación de Fe de Adultos para la oficina del Ministerio Hispano. Envíele un correo electrónico a gflores@charlestondiocese.org.