| Por Hna. Guadalupe Flores, OLVM

8 cosas que hay que saber sobre Cristo Rey

“Mi realeza no es de este mundo” (Jn 18, 36)

La Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, es una de las fiestas más importantes del calendario litúrgico. Celebra a un rey que no gobierna con autoridad humana, sino con amor, servicio y justicia, entregando su vida por cada uno de nosotros. Aquí tienes ocho cosas que debes saber sobre esta fiesta.

1. Historia de la solemnidad

Fue instituida por el Papa Pío XI en 1925, mediante la encíclica Quas Primas. El mundo vivía profundas crisis tras la Primera Guerra Mundial: surgía el comunismo en Rusia y se extendía un secularismo que pretendía excluir a Dios de la vida pública. Ese año se celebraba, además, el decimosexto centenario del Concilio de Nicea. Pío XI quiso recordar que Cristo es realmente rey y que ninguna autoridad humana puede reemplazar a Dios. Tras el Concilio Vaticano II, la solemnidad pasó del último domingo de octubre al último domingo del año litúrgico. Así, el año comienza con el Adviento, esperando al Salvador, y culmina proclamando a Jesucristo Rey del Universo.

2. Significa que Cristo es rey

En la tradición bíblica, el rey protegía y guiaba al pueblo de Israel, que esperaba al Mesías prometido, descendiente de David, quien instauraría un reino de justicia y paz. Cristo es Señor de toda la creación, pero su reinado no se fundamenta en el poder político, sino en el amor, la verdad, la justicia y el servicio: “Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud” (Mc 10, 45).

3. Cristo Rey en los Evangelios

Jesús no tiene palacio, riquezas ni ejército: nace en Belén, vive entre los pobres, perdona a los pecadores y enseña a servir. Aun así, los evangelios revelan su realeza. En la pasión según san Juan, Pilato le pregunta: “¿Eres tú el rey de los judíos?” (18, 33). Jesús responde que su realeza no es de este mundo y declara: “Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad” (18, 37). La verdad es, pues, esencial en el reino de Cristo. Él nos conduce a la verdad sobre Dios, sobre nosotros mismos y sobre el sentido de nuestra existencia, porque él mismo es la verdad hecha carne: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí” (Jn 14, 6).

4. El trono de Cristo es la cruz

Cristo reina desde la cruz. Con ojos humanos, la cruz es fracaso y humillación; para Dios, es el lugar donde Cristo nos muestra su gran amor. Él “se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte, y muerte de cruz” (Fil 2, 8). Su realeza pasa por la humildad: conquista al ser humano dando su vida por nuestra salvación. Y a nosotros nos dice: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mt 16, 24).

5. Cristo es rey del universo

Este título significa que Jesucristo posee soberanía absoluta sobre toda la creación, y que su señorío no se restringe a un pueblo, nación o cultura. San Pablo escribe: “porque en él fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra, los seres visibles y los invisibles … todo fue creado por medio de él y para él” (Col 1, 16).

6. Cristo Rey en el Catecismo

El Catecismo enseña que “Cristo es el Señor del cosmos y de la historia” (668), que “Cristo es también la cabeza de la Iglesia que es su cuerpo” (669), y que “El reino de Cristo manifiesta ya su presencia en la Iglesia” (670), aunque aún no ha llegado a su plenitud.

El reino ya está presente, pero esperamos su plenitud. Jesús mismo decía: “El tiempo se ha cumplido: el reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia” (Mc 1, 15). Celebrar a Cristo Rey es, por tanto, preguntarnos: ¿reina Cristo verdaderamente en nuestros corazones?

7. Cristo Rey y nuestro bautismo

Por el bautismo participamos de la misión de Cristo como sacerdote, profeta y rey (CIC 783). Compartimos su realeza cuando vencemos el pecado, servimos a los demás y hacemos visible el reino de Dios allí donde estamos. Ser rey como Cristo no significa estar por encima de los demás. San Juan Pablo II lo explica en Christifideles laici: “Por su pertenencia a Cristo, Señor y Rey del universo, los fieles laicos participan en su oficio real y son llamados por él para servir al reino de Dios y difundirlo en la historia. 

Viven la realeza cristiana, antes que nada, mediante la lucha espiritual para vencer en sí mismos el reino del pecado (Rm 6, 12); y después en la propia entrega para servir, en la justicia y en la caridad, al mismo Jesús presente en todos sus hermanos, especialmente en los más pequeños (Mt 25, 40)” (14).

8. Cristo Rey nos da la esperanza cristiana

El reino de Cristo no termina con los conflictos, las injusticias ni las guerras; la historia no acaba en el caos, porque Cristo es “Rey de los reyes y Señor de los señores” (Ap 19, 16). El Catecismo dice: “La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos, no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo” (1817).

Reconozcamos, pues, a Jesús como único y verdadero Señor de nuestra vida y de toda la creación. Como dijo el papa Francisco en esta solemnidad: “No estamos en el mundo solo para salvarnos a nosotros mismos, no, sino para llevar a nuestros hermanos y hermanas al abrazo del Rey”.


Hna. Guadalupe Flores, OLVM es la coordinadora de Formación de Fe de Adultos para la Oficina del Ministerio Hispano: gflores@charlestondiocese.org.