La Asunción de María es nuestro signo de esperanza
Este mes, la Iglesia celebra la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María el 15 de agosto, fecha en que los fieles conmemoran con fe y devoción que María, al terminar su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria de Dios.
Este mes, la Iglesia celebra la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María el 15 de agosto, fecha en que los fieles conmemoran con fe y devoción que María, al terminar su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria de Dios.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que “la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo” (966).
Este misterio no habla exclusivamente de la grandeza de María, sino que nos recuerda tener fe y esperanza en la resurrección propia de cada cristiano.
María, llena de gracia
La Asunción tiene una estrecha relación con la santidad de María. Dios la eligió para ser madre de Jesucristo, y el ángel Gabriel le dijo: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1, 28).
María fue preservada del pecado y su vida estuvo plenamente unida a Dios, razón por la cual la Iglesia no podía permitir que quien llevó al Salvador en su vientre se sometiera a la corrupción del sepulcro. La Asunción revela el triunfo de Cristo en María.
El Papa Francisco explicó: “Cuando le decimos a María ‘llena de gracia’, en cierto sentido también le decimos eso, a un nivel más alto. En efecto, la reconocemos siempre joven, nunca envejecida por el pecado. Sólo hay algo que hace envejecer, envejecer interiormente: no es la edad, sino el pecado”.
Fundamento bíblico
Aunque la Biblia no menciona directamente la palabra “Asunción”, varios textos iluminan este misterio:
- Apocalipsis 12, 1 describe una visión celestial: “Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza”.
- Salmo 45, 10 puede interpretarse en clave mariana, donde el salmista describe a la reina de pie a la derecha del rey: “una hija de reyes está de pie a tu derecha: es la reina, adornada con tus joyas y con oro de Ofir”.
- 1 Corintios 15, 20 vincula la Asunción con la resurrección: “Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos”. María anticipa la gloria prometida a todos los creyentes.
Un dogma proclamado
Un dogma es una verdad que todo cristiano debe creer en virtud de su fe. La Asunción es una celebración antigua, practicada por los primeros cristianos de Oriente como la “Dormición de María”.
Sin embargo, fue el Papa Pío XII quien la definió formalmente como dogma de fe en 1950, con estas palabras: “Pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial” (Bula Munificentissimus Deus).
Esta proclamación no introdujo una doctrina nueva, sino que afirmó una creencia ya existente en la Iglesia desde los primeros siglos.
Esperanza cristiana y dignidad del cuerpo
La Asunción no se refiere solamente a María, sino que incluye a todos los creyentes destinados a la Resurrección. El Concilio Vaticano II señaló que María “antecede con su luz al pueblo de Dios peregrinante, como signo de esperanza segura y de consuelo” (Lumen Gentium 68).
En un mundo marcado por el dolor, las guerras y la inseguridad, la Asunción recuerda que la muerte no es el final. Jesús prometió: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá” (Jn 11, 25).
El dogma también afirma la dignidad del cuerpo humano. Dios no salva únicamente el alma, sino a la persona íntegra. San Pablo escribió: “¿O no saben que sus cuerpos son templo del Espíritu Santo, que habita en ustedes y que han recibido de Dios?” (1 Cor 6, 19). En un mundo que frecuentemente desprecia o abusa del cuerpo, la Asunción recuerda que este es un templo sagrado que merece cuidado y respeto.
Vivir el mensaje
La Asunción invita a los creyentes a:
- Vivir las enseñanzas de Cristo en plenitud, es decir, en santidad.
- Confiar plenamente en las promesas de Dios.
- Ser perseverantes en la fe. Como escribió San Pablo: “Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios” (Col 3, 1).
- Cultivar la oración. Como decía Santa Teresa del Niño Jesús: “La oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría” (CIC 2558).
La Asunción de María es un mensaje vigente que invita a la perseverancia en la fe y a recordar que Dios conduce la historia de nuestra salvación.
El Papa Francisco lo resumió así: “Hoy, mirando a María Asunta, podemos decir que la humildad es el camino que conduce al Cielo y recordar que el secreto del recorrido está contenido en la palabra humildad. Y que la pequeñez y el servicio son los secretos para alcanzar la meta”.
María, la sierva del Señor, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo como anticipo de la gloria prometida a todos los creyentes.
La hermana Guadalupe Flores, OLVM, es la coordinadora de Formación de Fe de Adultos para la Oficina del Ministerio Hispano. Puedes escribirle a gflores@charlestondiocese.org.