Un gusto para todos, jóvenes y mayores
Octubre es el Mes del Respeto a la Vida
Octubre es un tiempo especial para los católicos. Es un mes dedicado al Santo Rosario y está repleto de hermosas celebraciones (Santa Teresa de Lisieux, los Santos Ángeles Custodios, San Francisco de Asís, Santa Faustina, Santa Teresa de Ávila y San Juan Pablo II) y diversas conmemoraciones. Octubre también es un mes en el que recordamos de manera particular la sacralidad de la vida, desde el vientre hasta la tumba.
El Mes del Respeto a la Vida comienza con el Domingo del Respeto a la Vida, que se celebra universalmente el primer domingo de octubre. Este día invita a toda la Iglesia a reflexionar sobre la dignidad inalienable de cada ser humano y a renovar nuestro compromiso de construir lo que San Juan Pablo II llamó una “cultura de la vida”.
Para ayudarnos a celebrar este mes especial, hemos elegido un delicioso batido de fresa preparado con leche, helado y fresas frescas. En mi opinión, cualquier cosa que lleve un poco de helado es, automáticamente, motivo de celebración. Además, esta receta es lo suficientemente sencilla como para que los niños pequeños puedan prepararla junto con sus padres o abuelos.
Pero quizá la conexión con la vida vaya un poco más allá. Un ingrediente clave de esta receta es la leche, que —si lo pensamos bien— termina siendo un alimento que acompaña tanto el inicio como el final de nuestra vida. Comenzamos la vida alimentados por la leche materna, o por una fórmula diseñada para imitar lo más fielmente posible su composición nutricional. También sabemos que muchos adultos mayores, cuando se acercan al final de su vida, disfrutan bebidas como Ensure —un batido nutricional a base de lácteos que aporta nutrientes, calorías e hidratación— o un tazón de helado cuando otros alimentos resultan menos apetecibles.
En ambos casos, la leche simboliza el cuidado que ofrecemos a nuestros seres queridos a lo largo de toda su vida. Que esta receta te brinde una manera deliciosa de alimentar tanto la vida como el amor de tu familia, y que te nutra mientras construyes una cultura de la vida en tu hogar y en tu comunidad.
“El amor de Dios no hace distinción entre el niño aún no nacido, que está en el seno materno, el recién nacido, el joven, el adulto o el anciano, porque en cada uno de ellos ve la huella de su propia imagen y semejanza (Gn 1, 26)”.
— Benedicto XVI, 27 febrero de 2006