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 | Por El padre Eric Hollas, O.S.B.

Sabiduría: El gran don de Dios para nosotros

 

¿Qué hombre puede conocer los designios de Dios o hacerse una idea de lo que quiere el Señor?
[Sabiduría 9, 13]


Cuando escuché este texto proclamado en una liturgia reciente, mi reacción inicial no fue muy positiva. No ofrecía ayuda alguna para responder a las grandes preguntas de la vida. Con palabras como estas, ¿cómo se supone que debo enfrentar un universo infinito y eterno? ¿Cómo puedo relacionarme con un Dios tan grande, mientras yo soy tan minúsculo? ¿Acaso Dios presta siquiera la más mínima atención a mi existencia?

Entonces recordé un pasaje paralelo de I Corintios 2, 16: “Porque, ¿quién conoce el modo de pensar del Señor como para darle consejos? ¡Pues nosotros poseemos el modo de pensar de Cristo!” Tampoco aquello ofrecía mucha esperanza a la cual aferrarse. Me llevó a preguntarme si estamos solos y debemos valernos por nosotros mismos en este vasto universo. ¿Es esto todo lo que existe?

Estas son solo algunas de las preguntas que Jesús buscó responder. Para comenzar, y en contraste con ciertas corrientes del pensamiento pagano de la época, Jesús nos enseña que no estamos abandonados a los designios del destino. El zodíaco no determina nuestra vida, y el horóscopo no ofrece respuestas ni consuelo. Además, somos mucho más que simples partículas de polvo suspendidas en el cosmos. En realidad, somos seres nobles creados a imagen de Dios, y lo que hacemos por los más pequeños entre nosotros, lo hacemos por Jesús mismo.

Para evitar pensar que Sabiduría 9, 13 ofrece la última palabra sobre el tema, es importante continuar la lectura. Más adelante, en los versículos 17‑18, se encuentra el núcleo de comprensión que otorga esperanza y sentido a la vida. Es la refutación de la idea de que no somos nada en este vasto universo. “¿Y quién habría conocido tu voluntad si tú mismo no hubieras dado la Sabiduría y enviado desde lo alto tu santo espíritu? Así se enderezaron los caminos de los que están sobre la tierra” (Sab 9, 17‑18).

En ello reside la esperanza que nos sostiene en los momentos tanto favorables como adversos. Así, cuando nos sintamos tentados a renunciar a la vida y a entregarnos al destino, ese es precisamente un momento oportuno para volvernos hacia Dios. Él nos ha dado la sabiduría y el Espíritu Santo, justamente para estas circunstancias. Con tales dones, somos interlocutores dignos ante Dios.

Cuando la vida parece abrumadora y vacía, lleve entonces esas preguntas ante Dios y formule: “¿Por qué, Señor?” Dios está más que dispuesto a dialogar. De hecho, ha estado esperando escuchar de nosotros, y se complace en ofrecernos algunas respuestas. Sin embargo, queda una última advertencia: es posible que no sean las respuestas que esperábamos, pero suelen ser más de lo que jamás imaginamos. 

 

Entrada semanal del blog: 8 de septiembre de 2025 
 


El padre Eric Hollas, O.S.B., es monje benedictino y sacerdote de la Abadía de Saint John en Collegeville, Minnesota. Posee un doctorado en estudios medievales por la Universidad de Yale, y ha servido en el cuerpo docente y administrativo de la Universidad de Saint John, en Minnesota. Actualmente se desempeña como capellán en la American Association of the Order of Malta, y publica un blog semanal en www.monkschronicle.wordpress.com.

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