Las Escrituras nos dicen muy claramente que “amemos a nuestro prójimo”, pero ¿qué pasa cuando el prójimo en cuestión es un niño que aparece en la puerta de su casa a todas horas?
Lo más importante que podemos hacer por nuestros hijos es fomentar su discipulado y enseñarles a vivir de tal manera que Jesús sea verdaderamente el centro de su vida.