| Por Hna. Guadalupe Flores

Nosotros somos la Iglesia: Juventud presente

La juventud ha sido siempre una de nuestras grandes preocupaciones en la Iglesia. Por esta razón, desde 1985, San Juan Pablo II hace que se celebre cada tres o cuatro años la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en diferentes países, continentes y con diferentes temas.

Sin embargo, no se puede negar que aún existen jóvenes comprometidos con su Iglesia, que aman a Cristo y que están dispuestos a continuar con la labor de la evangelización. Porque ellos saben orar y, sobre todo, quieren seguir las huellas de Jesucristo a través de una vocación específica.

No puedo negar que para todos los que han tenido la dicha de participar de la JMJ, en Lisboa, fue una experiencia transformadora. Por esta razón, me gustaría mencionar algunos puntos relevantes de este evento que reúne a un gran número de jóvenes.

Primero: La Iglesia es joven

¡Sí es así! Este encuentro de la JMJ nos dio la alegría de seguir confiando en ella. Las cifras que nos mostraron los medios de comunicación de que más de un millón y medio de jóvenes participaron de este encuentro. Esto nos da la esperanza de seguir confiando en ellos.

Con la presencia de tantos jóvenes reunidos en Lisboa, no hubo ningún acontecimiento negativo. Simplemente ellos se ocuparon, o se centraron, de participar de este evento, con el corazón abierto, para que Dios trabaje en ellos. Ellos eran conscientes de donde estaban y a que fueron.

Era sorprendente y maravilloso ver por los medios de comunicación cómo los jóvenes expresaban su fe, de rodillas, unos oraban fervorosamente, otros cantaban y muchos rezaban el rosario sin tener vergüenza ni miedo de ser criticados. Ver todo esto fue muy emocionante y conmovedor; ellos nos contagiaban ese deseo de orar juntos.

Segundo: Podemos ser felices

Esta sociedad consumista nos muestra que para ser felices se necesitan muchos medios materiales que nos hacen la vida más fácil. Algunos buscan la felicidad en las drogas, el sexo, alcohol y más. En cambio, en la JMJ, pudimos ver que lo más importante para ser felices es tener a Cristo en nuestras vidas porque sólo con él podemos encontrar la verdadera felicidad que tanto necesitamos en este tiempo.

Tercero: No tengan miedo

San Juan Pablo II, el que fue el promotor de la JMJ, tenía una frase que continuamente lo repetía; “¡No tengáis miedo! ¡Abrir las puertas a Jesucristo”; posteriormente el Papa emérito Benedicto XVI les dijo a los jóvenes en Madrid, en 2011: “No tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad. El Señor os ha concedido vivir en este momento de la historia, para que gracias a vuestra fe siga resonando su Nombre en toda la tierra”. Finalmente, el Papa Francisco hace días les dijo: “¡No tengan miedo!, queridos jóvenes, porque son como la lluvia de una tierra reseca por mil males, son un ‘baño de luz’ de presente y de futuro en los muchos rincones oscuros de nuestro tiempo”.

Indiscutiblemente, podemos decir que el futuro es desconocido e incierto, por lo cual es normal tener miedo; pero lo más importante es que el miedo no nos paralice. Es importante recordar que en nuestro peregrinar no estamos solos. Porque Cristo va delante de nosotros preparando el camino que hemos de seguir. Él siempre está presente en nuestra historia personal. Cristo actúa dependiendo de cada uno de nosotros, si estamos dispuestos abrirle nuestro corazón para hacer su voluntad.

Cuarto: Dios continúa llamándonos

Y lo seguirá haciendo de una manera directa y concreta. Dios precisa de hombres y mujeres para trabajar en su viña. Él nos dice claramente que se necesita “obreros para la mies” (Mt 9, 37-38). Es de nuestro conocimiento que en los últimos años hay decrecimiento de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

Nuestra esperanza es que en esta JMJ muchos de ellos escuchen el llamado de Dios y den una respuesta positiva a esta llamada y estén dispuestos a lanzarse a tener una aventura con Cristo, consagrando su vida a la Iglesia como seminaristas y aspirantes a la vida consagrada. Para que ellos con su frescura inyecten y refresquen la vida en la Iglesia.

El haber participado anteriormente en dos JMJ en Madrid y Brasil hace que lo anteriormente mencionado renazca en mi persona el deseo de seguir evangelizando a la juventud con el testimonio de vida porque interactuar con ellos nos desafía y rejuvenece para continuar con nuestro compromiso misionero. Por lo que el Papa Francisco, en Lisboa, exhortó a los jóvenes diciendo: “No tengan miedo, tengan coraje, vayan adelante sabiendo que estamos amortizados por el amor que Dios nos tiene. Dios nos ama” (agosto de 2023). Este mensaje del Papa no sólo fue dirigido a los presentes, sino a todos los jóvenes del mundo entero.


La hermana Guadalupe Flores, OLVM, es la coordinadora de Formación de Fe de Adultos para la oficina del Ministerio Hispano. Envíele un correo electrónico a gflores@charlestondiocese.org.