Las raíces cristianas del árbol de Navidad
Ay, árbol de Navidad,
¡muy verdes son tus hojas!
- “Ay, Árbol de Navidad”
Como uno de los símbolos más queridos y perdurables de la Navidad, el árbol de Navidad tiene profundas raíces cristianas, valga el juego de palabras.
El primer relato que vincula un árbol de hoja perenne con la Navidad proviene de la vida de san Bonifacio, un misionero del siglo VIII que llevó el cristianismo a Alemania. Según la leyenda, san Bonifacio impidió que uno de los jefes locales sacrificara a su hijo a los dioses paganos. El sacrificio iba a realizarse bajo un gran roble que era considerado sagrado para Thor, una de sus deidades. Para demostrar la impotencia de los dioses paganos, Bonifacio derribó el árbol con un hacha, dejando atónitos a quienes presenciaban la escena.
San Bonifacio no se detuvo ahí. Luego les predicó el Evangelio y utilizó un pequeño abeto cercano como herramienta de evangelización. Señalándolo, les dijo: “Este pequeño árbol, joven hijo del bosque, será esta noche su árbol sagrado. Es el árbol de la paz… Es el signo de la vida eterna, porque sus hojas permanecen siempre verdes. Vean cómo apunta hacia el cielo. Que sea llamado el árbol del Niño Cristo; reúnanse en torno a él, no en el bosque salvaje, sino en sus propios hogares; allí no cobijará actos de sangre, sino dones de amor y gestos de bondad”. A partir de esta historia, podemos ver claramente el origen de la idea de llevar un abeto de hoja perenne al hogar como símbolo y recordatorio del Niño Cristo, quien es el dador de la vida eterna.
Existe una historia mucho menos conocida sobre el origen del árbol de Navidad relacionada con las representaciones teatrales religiosas medievales que gozaban de gran popularidad en toda Europa. Estas obras, conocidas como misterios o dramas litúrgicos, buscaban presentar al pueblo los relatos de la Sagrada Escritura. En la Iglesia medieval, la fiesta de los santos Adán y Eva se celebraba en la víspera de Navidad (24 de diciembre), estableciendo un vínculo entre su caída, su arrepentimiento y el cumplimiento de la promesa de Dios de enviar un Salvador, celebrada en la Navidad (25 de diciembre). Por ello, durante los últimos días de Adviento era común que las ciudades organizaran representaciones que recreaban la historia de Adán y Eva en el Jardín del Edén.
Muy apropiadamente, la escenografía de estas representaciones incluía abetos decorados con manzanas para simbolizar el Edén, con su árbol de la vida y el fruto prohibido. Incluso cuando estos dramas religiosos fueron perdiendo popularidad después de la Edad Media, los alemanes continuaron la costumbre de adornar abetos en Navidad. Además de las manzanas, comenzaron a colocar en el árbol obleas semejantes a las de la Comunión, estableciendo un contraste entre el alimento que trajo la muerte (el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal) y el alimento que trae la vida (la Eucaristía). Con el paso del tiempo se fueron añadiendo otros adornos, y el simbolismo relacionado tanto con la caída como con la redención fue desvaneciéndose gradualmente.
Si bien diversas influencias han contribuido a la tradición moderna del árbol de Navidad, todas comparten una misma raíz: la historia cristiana de la obra salvadora de Dios. Conocer esta historia nos invita a contemplar nuestros árboles no solo como adornos navideños, sino como signos visibles del misterio que celebramos y de lo que se encuentra en el corazón mismo de estos días santos.
Esta Navidad, tómese un tiempo para valorar el papel casi sacramental (con minúscula) que desempeña el árbol de Navidad al recordar a su familia al Niño Cristo, quien vino a destruir la antigua maldición del pecado y a dar a los descendientes de Adán y Eva una vida nueva y eterna. Considere reunir a sus seres queridos para rezar una de las hermosas oraciones católicas de bendición del árbol de Navidad, ya sea después de haberlo decorado o en otro momento apropiado, como la Nochebuena o el día de Navidad.
El árbol de Navidad es signo de vida eterna, porque sus hojas permanecen siempre verdes.
Vean cómo señala hacia el cielo.