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 | Por Cristina Umaña Sullivan

El fin de año para los católicos

La fiesta de Cristo Rey es una de las más importantes en nuestro calendario litúrgico: es como nuestro 31 de Diciembre porque después de esta fiesta empieza un nuevo año con el Adviento. ¿Qué nos dice el hecho de que el fin de año litúrgico sea recordando que Cristo es el Rey del Universo? Que ese es el broche de oro de la historia de la humanidad: todo lo que ocurre, ya sea por divina voluntad o por permisión divina, tiene como objetivo que Cristo reine. 

¿Cuál es la diferencia entre la divina voluntad y la permisión divina? La divina voluntad es el plan de Dios, diseñado a su manera, con sus tiempos y por encima de todo con Su poder y para Su gloria y majestad. La permisión divina es lo que ocurre pero que no está en sus planes, no es a su manera, sin embargo lo permite porque Él va a sacar de las consecuencias un mayor bien. 

Importante: Dios no permite nada de lo que no pueda sacar un mayor bien, o que la única consecuencia sea la condenación de un alma. Nunca. Él puede hacer nuevas todas las cosas, y siempre tiene a la mano un plan de acción para salvar.

Un ejemplo para ilustrar la diferencia: se le tiene que dar comida a un niño. La voluntad del adulto responsable es que se nutra bien y coma lo que se preparó pensando en su salud. Si el niño hace caso, todos felices, en especial él porque va a permanecer sano. Pero si el niño no quiere comer el menú saludable, hace pataleta y sólo quiere comer dulces y golosinas, puede que el adulto le de permiso para que aprenda lo que significa el dolor de cabeza y de barriga. El malestar que el niño experimentará será una lección para que comprenda los beneficios de comer saludablemente. 

Jeff Cavins, el creador de “The Great Adventure Bible Study Program”, que como su nombre lo indica, es un plan para estudiar la Biblia y comprender la historia de la salvación, explica que el reino de Israel tuvo varios reyes, pero 3 de ellos son los más importantes: Saúl, David y Salomón. 

Dios les advirtió que para gobernar debían abstenerse de tres cosas: no debían tener muchos caballos, no debían tener muchas mujeres y no debían multiplicar el oro y la plata (amotinar riqueza). No hicieron caso de estas advertencias y sus reinados, a pesar de haber sido muy importantes para el plan de salvación, llegaron a su fin por permisión divina.  

¿Cuántos caballos tuvo Jesús? Si no estoy mal, no tenía ninguno. Es más, tuvo que entrar a Jerusalén montado en un burro prestado. 

¿Cuántas mujeres tuvo Cristo? En ningún pasaje de la Biblia aparece que Jesús tuviera esposa, a pesar de las mujeres que lo seguían y que le entregaron su vida, como fue el caso de Maria Magdalena.

¿Cuánto oro y plata multiplicó Jesús? En los evangelios aparece la multiplicación de panes, peces, vino, pero en ningún pasaje se habla de la multiplicación del oro. 

El reinado de Jesús es un reinado del corazón, del desprendimiento, de la austeridad, del bien, de la caridad, de la generosidad, de la justicia, de todo menos de la vanagloria, prepotencia y acumulación. 

Aprovechemos esta fiesta para preguntarnos qué reino estamos construyendo: ¿el reino de Cristo siguiendo su divina voluntad o un reino mundano bajo la permisión divina, el cual debe afrontar las consecuencias humanas que eso conlleve? 

Es el momento perfecto para comenzar un nuevo año litúrgico renovando nuestro compromiso con el reino de los cielos.


Cristina Umaña Sullivan es socióloga cultural que se ha dedicado a la evangelización por más de 10 años con especialidad en Teología del Cuerpo y creación de identidad desde la perspectiva cristiana. Envíele un correo electrónico a fitnessemotional@gmail.com.