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 | por Mary-Rose Verret

¿Cuál es el secreto de un matrimonio sólido? (Pista: es más que solo la comunicación)

 

Nuestro primer desacuerdo serio surgió a raíz de una pregunta en nuestro inventario prematrimonial sobre conservar cosas viejas.


Ryan es minimalista. No le gusta el desorden ni aferrarse a cosas que ya no necesitamos. Sin embargo, curiosamente, tampoco le importa que sus calcetines tengan agujeros. Yo, en cambio, pienso que, si algo está en buen estado, debemos conservarlo porque podríamos necesitarlo algún día. Pero también me gusta que las cosas estén completas y listas para usarse tal como fueron diseñadas. Si algo tiene un agujero, o lo arreglas o lo tiras.
Lo que debería haber sido una conversación sencilla de algún modo terminó convirtiéndose en una discusión sobre las posesiones, la buena administración de los bienes y lo que hace que algo valga la pena conservar. Hasta el día de hoy, todavía nos reímos de ello. Pero la realidad es que nuestro desacuerdo no tenía que ver realmente con los calcetines. Se trataba de dos personas que llevaban a un mismo matrimonio hábitos, valores y maneras distintas de ver el mundo.
A menudo escuchamos que la comunicación es el secreto de un matrimonio sólido. Sin duda, la comunicación es importante. Pero en aquel primer desacuerdo, Ryan y yo habíamos expresado nuestras posturas con bastante claridad. Ninguno de los dos tenía dudas sobre lo que pensaba el otro. El problema era que cada uno estaba más interesado en defender su propia perspectiva que en comprender a la persona que amaba.


La comunicación es una herramienta. 
La virtud determina cómo la utilizamos.


Puedo expresarme perfectamente y, aun así, actuar con orgullo. Puedo utilizar todas las palabras correctas mientras me niego a escuchar. Puedo decirle a mi esposo exactamente cómo me siento sin tener la más mínima intención de considerar que quizá estoy equivocada. La buena comunicación no puede dar mucho fruto sin la humildad de acoger lo que nuestro cónyuge nos está diciendo, la paciencia para permanecer presentes cuando una conversación se vuelve incómoda y la generosidad de buscar la comunión en lugar de la victoria.
El perdón también es importante. En el matrimonio, a veces hablaremos sin pensar, nos malinterpretaremos mutuamente o repetiremos las mismas conductas que tanto nos frustran. El perdón evita que una conversación dolorosa llegue a definir nuestra relación. Nos permite comenzar de nuevo.
No entramos en el matrimonio poseyendo ya todas las virtudes que necesitaremos. El matrimonio es uno de los lugares donde Dios forma pacientemente esas virtudes en nosotros. A través de la gracia sacramental, la oración, las amistades fieles y el testimonio de otros matrimonios, aprendemos a amar de una manera más madura.
Antes de la próxima conversación importante con tu cónyuge, pregúntate no solo: “¿Cómo puedo comunicar esto mejor?”. Pregúntate también: “¿Qué virtud me exige el amor en este momento?”. Tal vez sea humildad, paciencia, valentía o perdón.
Los matrimonios sólidos no se construyen con esposos que siempre dicen todo a la perfección. Se construyen con dos personas que permanecen dispuestas a dejarse transformar por el amor.
 


Mary-Rose Verret, junto con su esposo, Ryan, es cofundadora de Witness to Love, un apostolado católico internacional dedicado a renovar la formación para el sacramento del matrimonio. Ambos se desempeñan como consultores del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida del Vaticano.

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