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 | Por Pete Burak

Toma tu temperatura espiritual

 

Pocas respuestas frustran tanto como un “no me importa” o un simple encogimiento de hombros. Y, sin embargo, todos hemos caído alguna vez en la trampa del “meh” cuando nos sentimos emocionalmente desconectados y sin motivación. Aunque es irreal esperar que alguien tenga sentimientos y opiniones fuertes sobre absolutamente todo en la vida, sí debemos estar atentos a cualquier señal de tibieza que se vaya infiltrando en nuestra vida y, sobre todo, en nuestra alma.

 

El capítulo 3 del libro del Apocalipsis ofrece una descripción dramática y gráfica del destino de quienes sucumben a la tibieza: “Conozco tu conducta: no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero, como eres tibio y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (15–16). No es precisamente atractivo, pero sí profundamente desafiante. En nuestro camino como discípulos de Jesús, necesitamos mantenernos vigilantes para no adoptar una actitud indiferente ante el Evangelio —responder “no me importa” a sus mandatos y, en general, permitir que un espíritu de “meh” se infiltre en las cosas de Dios. Al reflexionar sobre esto en mi propia vida, he descubierto cinco posibles indicadores de que la tibieza espiritual ha echado raíces.
 

1 Tu identidad está basada en las cosas de la tierra en lugar de la voz de Dios. ¿Te defines por tu dinero, tu estatus, tus logros o por lo que otros piensan de ti, o por lo que Dios dice que eres? Cuando nuestra identidad vacila, también lo hará nuestro compromiso con el Señor.

2 Te sientes cómodo con los “pecaditos” y actos de desobediencia que parecen insignificantes. ¿Te dices a ti mismo: “Bueno, esto no es tan grave y definitivamente no es tan malo como lo que escucho en las noticias”?

3 Minimizas lo que es verdaderamente importante y das demasiada importancia a lo superficial. El núcleo de la fe se te ha vuelto aburrido, mientras que lo periférico se ha vuelto muy emocionante y absorbente.

4 Ves a Jesús como tu jefe, alguien que te dice qué hacer y evalúa tu desempeño, pero no como tu amigo amoroso. Sí, le debemos obediencia a Jesús, no por miedo servil, sino por un amor que permanece.

5 Tienes un miedo poco sano al sufrimiento y un apego excesivo a la comodidad. La tibieza ama la seguridad y la protección. El discipulado radical abraza el plan de Dios incluso cuando es difícil y exige asumir riesgos.

Si tu fe en este momento ha caído en la categoría del “meh”, tómate un momento para arrepentirte y pedirle al Espíritu Santo que reavive tu amor por el Señor. Vivir una fe tibia es aburrido, poco gratificante y, definitivamente, no es lo que Jesús quiere para nosotros. Así que la próxima vez que Jesús te ofrezca más de su amor, ¡por favor, no te encoges de hombros!


 Vivir una fe tibia definitivamente no es lo que Jesús quiere para nosotros.


Pete Burak es vicepresidente de Renewal Ministries. Tiene una maestría en teología y es un orador frecuente en eventos para jóvenes y adultos jóvenes.

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