San Lorenzo Ruiz
1594-1637 | Festividad: 28 de setiembre
El primer mártir de Filipinas
Lorenzo nació en Manila a finales del siglo XVI. Como su madre era filipina y su padre de ascendencia china, creció hablando tanto chino como tagalo, una lengua utilizada por un sector de la población filipina.
Fue educado por los dominicos y, desde muy joven, se convirtió en monaguillo. Bajo la guía de la Orden, se incorporó a la Cofradía del Santísimo Rosario, una asociación espiritual dedicada a rezar el rosario cada semana. También llegó a ser un experto calígrafo, oficio con el que se ganaba la vida. Con el tiempo, se casó y tuvo tres hijos.
En muchos sentidos, Lorenzo nos ofrece un ejemplo poderoso de santidad vivida en medio de la vida familiar ordinaria.
Luego, en 1636, fue acusado falsamente de haber matado a un hombre y se vio obligado a huir de las autoridades. Los frailes dominicos creían en su inocencia y le permitieron unirse a sus misioneros en un barco con destino a Japón. Lamentablemente, en aquel momento Japón atravesaba una dura persecución contra los cristianos, por lo que Lorenzo y los dominicos fueron arrestados inmediatamente al llegar. Él y sus compañeros estuvieron encarcelados y fueron torturados durante dos años.
Murió a los 42 años después de negarse a renunciar a su fe. En 1981, durante la primera beatificación celebrada fuera del Vaticano, san Juan Pablo II se dirigió a la multitud reunida en el Parque Luneta, en Manila, Filipinas, con estas palabras: “Esto es lo que hizo Lorenzo Ruiz. Guiado por el Espíritu Santo hasta su meta inesperada después de un viaje venturoso, él dijo al tribunal que era cristiano, que debía morir por Dios y que daría su vida por Él mil veces”.
Canonizado junto con quince compañeros por san Juan Pablo II siete años después, en 1987, san Lorenzo es recordado como un laico que encarnó el verdadero discipulado misionero hasta su dolorosa muerte. Cada año se celebran festivales y misas en comunidades filipinas de todo Estados Unidos para honrar su legado.
“Soy católico y acepto plenamente la muerte por Dios.
Si tuviera mil vidas, todas se las ofrecería a Él”.
-San Lorenzo Ruiz