| Por el diácono Brian Hansen

De la pena de muerte a misericordia, redención y transformación: Historia de un recorrido

La Cuaresma nos llama a reflexionar sobre la misericordia de Dios y nos permite abordar temas difíciles, entre ellos uno que divide a muchos: la pena capital.

Admito que en algún momento apoyé la pena de muerte sin pensar mucho. No fue sino hasta que indagué en la doctrina de la Iglesia sobre la santidad de la vida que mi postura cambió. ¿Quién era yo para desafiar la sabiduría del Magisterium?

La Iglesia Católica enseña que la dignidad de cada persona tiene sus raíces en nuestra creación a imagen de Dios. San Juan Pablo II, en Evangelium Vitae, recalcó que la pena de muerte debía aplicarse solo en casos excepcionales para proteger la sociedad, lo cual es prácticamente inexistente en tiempos modernos. El Catecismo de la Iglesia Católica va más allá al declarar inadmisible la pena de muerte y aboga por su abolición.

Me tomó conocer a alguien cuya vida personificaba esta enseñanza y que me ayudó a consolidar mi forma de pensar. Esa persona se llama Jimmy MacPhee y su historia cambió para siempre la manera en que veo la pena capital.

Ministerio de las prisiones

Sirvo en el ministerio de las prisiones de nuestra diócesis. Todos los viernes me reúno con hombres en la capilla del Instituto Correccional Perry. Estas reuniones son auténticas y llenas de la presencia de Dios. Un viernes, durante una charla sobre la conversión, alguien mencionó a Jimmy MacPhee. El hombre lo había conocido y contó cómo Jimmy había inspirado su camino de fe.

Otros intervinieron para describir cómo la transformación de Jimmy los había inspirado. Hablaban de un hombre que había sido iracundo y violento, pero que se transformó en un discípulo amante de Cristo. Quería conocerlo.

Me enteré de que Jimmy había salido libre unos meses atrás. Lo localicé hasta el condado de Spartanburg; me presenté y comenzamos a hablar. Jimmy ahora es mi amigo. Su historia cambió para siempre la manera en que entiendo la misericordia, la justicia y la redención.

El caos y la violencia

Jimmy se crió en el caos. Su niñez estuvo marcada por voces enojadas, portazos y personas que desaparecían. Esta inestabilidad lo llevó a sentirse insignificante y enojado. En la adolescencia, ya había recurrido a las drogas y al crimen. A los diecinueve años fue arrestado por tenencia de heroína y cumplió un año de cárcel, pero en lugar de rehabilitarle, le endureció.

A los veinte años, apenas unos meses después de salir en libertad, Jimmy cometió un asalto a mano armada violento, asesinando a un hombre y hiriendo a otro. Fue hallado culpable y condenado a muerte. Consumido por la ira, ingresó en el corredor de la muerte. Las últimas palabras del juez lo atormentaban: “Que Dios tenga misericordia de su alma”.

En el corredor de la muerte, Jimmy conoció a Kyuzo Miyaishi, conocido como “Frankie San”, un bibliotecario japonés que ministraba a los condenados a muerte. Frankie les llevaba libros, pero también un mensaje de amor y perdón. “Jesús te ama y te perdonará”, le dijo. Sin embargo, Jimmy, cegado por la ira, lo rechazó.

La transformación

Tres años después, la condena de muerte de Jimmy fue conmutada por cadena perpetua con posibilidad de libertad condicional. En lugar de mostrar gratitud, se hundió aún más en la violencia y adicción. Por su conducta, a los cuarenta años fue trasladado al régimen de aislamiento, donde permaneció dieciséis años. A solas con sus pensamientos, Jimmy comenzó a enfrentar el quebranto de su vida.

Desesperado por cambiar, Jimmy se comunicó por correo con Frankie, quien le respondió con las mismas palabras: “Jesús te ama y te perdonará”. Esta vez, Jimmy prestó atención. Oró, confesó sus pecados y pidió perdón. Por primera vez en décadas, la paz se apoderó de él. Empezó a leer la Biblia y, poco a poco, la ira dio paso a la esperanza.

Con los años, Jimmy se transformó. Se convirtió en mentor de otros privados de libertad, ayudándoles a romper ciclos de violencia. Realizó estudios de teología y recibió entrenamiento como pacificador en las prisiones de Carolina del Sur. Su historia es un testimonio del poder de la gracia.

Una nueva vida

En marzo de 2020, después de cuarenta y cinco años en prisión, Jimmy obtuvo la libertad condicional. Hoy es un hombre casado y dirige el ministerio On the Rock (en la roca), trabajando para cambiar la cultura de la prisión mediante la educación y el discipulado centrados en el evangelio. Su misión es romper ciclos de adicción y reincidencia, sanar familias y crear comunidades más seguras.

La vida de Jimmy nos desafía a reconsiderar la pena capital, no como asunto de justicia, sino de misericordia. Su vida demuestra que la redención alcanza a todos. Quizás las palabras del juez: “Que Dios tenga misericordia de su alma” no fueron una maldición, sino una oración. Tal vez vemos los frutos de esa plegaria en la transformación de Jimmy.

Para quienes se sienten incómodos con la posición de la Iglesia respecto a la pena de muerte, la vida de Jimmy ofrece un testimonio poderoso de por qué toda vida humana, sin importar cuán quebrantada esté, lleva en sí el potencial de transformación. Pudimos haber perdido a Jimmy hace años en nombre de la “justicia”, pero Dios, en su infinita misericordia, lo ha usado para propagar su amor donde más se necesita.

Al meditar en la historia de Jimmy, recuerden estas palabras del salmo 25: “Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos. No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud: por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad” (6-7).


El diácono Brian Hansen fue ordenado en febrero. Sirve en la Iglesia de Our Lady of the Rosary en Greenville y también en el ministerio penitenciario. Envíe un correo electrónico a bphansen65@gmail.com.