Una gran misión exige un gran corazón
En esta oportunidad quiero compartir la experiencia personal que tuve al escribir este artículo. Cuando estaba buscando información y material sobre el Inmaculado Corazón de María, me surgió una pregunta: ¿Será posible que nosotros vivamos como ella vivió, es decir, sin pecar nunca más?
En esta oportunidad quiero compartir la experiencia personal que tuve al escribir este artículo. Cuando estaba buscando información y material sobre el Inmaculado Corazón de María, me surgió una pregunta: ¿Será posible que nosotros vivamos como ella vivió, es decir, sin pecar nunca más?
Sabemos muy bien que solo María fue concebida sin pecado, pero se supone que los sacramentos del bautismo y de la confesión restauran nuestra naturaleza caída y nos volvemos semejantes a ella, es decir, sin pecado. Pero ¿es posible que, de ahora en adelante, permanezcamos sin caer en tentación ni una sola vez, como ella?
Mi respuesta personal fue que este es el ideal, pues vivir en gracia constituye el llamado y la vocación cristiana. Sin embargo, ¿cuál es la realidad? ¿Qué es lo que resulta verdaderamente posible? Le planteé esta pregunta a mi esposo y su respuesta fue muy distinta, sugiriendo que obsesionarse con no caer en el pecado puede derivar en al menos dos males espirituales.
El primero es generar una soberbia espiritual, la cual nos lleva a pensar que somos mejores que los demás y que no necesitamos de la misericordia de Dios. El segundo es el mal de la escrupulosidad. Entonces incluyó un tercer y es que ese tipo de ideas u “objetivos” pueden degenerar en neurosis o un desorden. De pronto solo María es inmaculada porque solo ella podía evitar los males de la soberbia espiritual y neurosis que nosotros podemos padecer. O, de pronto, nosotros padecemos de esos males precisamente porque no somos inmaculados. Nunca podremos saberlo en esta vida.
Ninguna de las respuestas aquí presentadas puede ni debe considerarse como definitivas, y mucho menos como doctrina de fe; simplemente fueron parte de una conversación doméstica. Cuando surgen estas dilucidaciones, prefiero reducirme a los hechos, y en este caso, el hecho es que solo ella recibió la gracia de ser preservada del pecado, nadie más.
Lo bueno es que en estos casos tenemos una herramienta maravillosa que nos ayuda a profundizar en estas preguntas sin desviarnos de la verdad revelada: el Catecismo de la Iglesia Católica: “De la descendencia de Eva, Dios eligió a la Virgen María para ser la Madre de su Hijo … desde el primer instante de su concepción, fue totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida” (508).
Aquí encontramos la clave para esta pregunta: la misión de María. Ella fue la escogida para ser la madre sobre todas las madres, no solo por recibir en su vientre al Hijo de Dios (lo cual ya es una misión suficientemente importante), sino también porque, a los pies de la cruz, recibió el encargo de ser nuestra madre también. En su corazón están inscritos nuestros nombres, así como en el corazón de cada madre están inscritos los nombres de sus hijos.
Es una enorme responsabilidad que requiere de un corazón Inmaculado, capaz de amar siempre y para siempre; sin cansarse nunca; permaneciendo fiel a pesar de las muchas y continuas traiciones, no solo de unos cuantos, sino de todos nosotros. Lo más heroico de todo es que es un corazón capaz de amar maternalmente
a los culpables de la muerte de su Hijo.
Una gran misión exige un gran corazón y eso es lo que celebramos en la fiesta del Inmaculado Corazón de María (13 de junio, el memorial opcional este año), porque allí encontramos nuestro nombre y nuestra identidad.
Pidámosle a nuestra madre inmaculada que moldee y limpie nuestros corazones; que nos ayude a vivir en gracia sin caer en tentación; que nos enseñe a reflejar la imagen de Dios con la que fuimos creados, con la misma intensidad con que ella la reflejó. ¡Inmaculado Corazón de María, ruega por nosotros!
Cristina Umaña Sullivan es socióloga cultural que se ha dedicado a la evangelización durante más de 10 años, con especialidad en Teología del Cuerpo. Envíele un correo electrónico a fitnessemotional@gmail.com.