| Por Cristina Umaña Sullivan

Siete consejos del Sagrado Corazón

Cómo cultivar un corazón misericordioso

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Cuando recibimos la gracia de la conversión y comenzamos nuestro camino de fe, es muy fácil y común caer en un error: creer que la razón para no caer en pecado es que Dios no se ponga bravo con nosotros ni nos castigue. Es una razón válida, pero es superficial y básica. 

Por lo mismo, si no avanzamos en nuestro crecimiento espiritual, si no buscamos los medios para formarnos en la fe y encontrar maneras concretas de practicar nuestra caridad, nos quedaremos con el mero cumplimiento de normas. Entonces, nuestra fe se convertirá en un mapa de comportamiento y exigencias morales que, lejos de ser caritativa y ejemplar, se convierte en una carga difícil de llevar. 

Una gran herramienta y una enorme gracia que tenemos para crecer en la fe de una manera santa y muy agradable a Dios es el camino de la Divina Misericordia. Su propagación ha aumentado considerablemente, pues ofrece una vía sencilla y directa para celebrar este mes del Sagrado Corazón de Jesús.

La fiesta de la Divina Misericordia se celebra el domingo después de Pascua siendo la mejor manera de conmemorar la resurrección, porque de esa manera recordamos que la entrega de Cristo fue un derroche de misericordia para con nosotros.

En esta oportunidad, compartiré solo siete de las muchas invitaciones que aparecen en el Diario de Santa Faustina Kowalska. Allí, Jesús explica qué es lo que realmente le agrada y en qué consiste el camino de la misericordia. 

1. Cultivar la infancia del espíritu: El corazón humilde recibe la bendición de Dios porque él rechaza a los soberbios y abraza a quienes buscan ser como niños. A él le agrada la sencillez del alma, pues aunque su grandeza es inconcebible, trata solo con los pequeños. 

2. Confiar en Dios y ser valiente: Satanás siempre se aprovecha de los momentos de tiniebla y humillación para atentar contra nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad. Cristo nos dice: “No temas, porque yo estoy contigo” (Is 41,10). El miedo nos aleja de Dios porque su compañía es nuestro consuelo para enfrentar los sufrimientos en paz, con la alegría de sabernos amados y acompañados desde siempre y hasta siempre. 

Cristo le pregunta a Santa Faustina: “¿Por qué tienes miedo y tiemblas cuando estás unida a mí? No me agrada el alma que se deja llevar por inútiles temores. ¿Quién se atreve a tocarte cuando estás conmigo? El alma más querida para mí es la que cree fuertemente en mi bondad y la que confía plenamente en mí. Le ofrezco mi confianza y le doy todo lo que pide”.

3. Evitar las murmuraciones y los chismes como si fueran una ruina: Siempre es mejor el silencio porque este protege contra amarguras, maledicencias y evita el maltrato al prójimo. Muchas faltas se evitan con el silencio. Los labios callados son oro puro y dan testimonio de la santidad interior.

4. Cultivar el silencio interior para escuchar a Dios: Dios no se da a un alma parlanchina porque el ruido es señal de que está vacía en su interior, de que no hay en ella virtudes fundamentales ni intimidad con Dios. Un acto heroico es callar cuando se es reprendido porque es señal de humildad, docilidad y abandono en Dios.

5. Buscar la sabiduría del corazón y del espíritu: Si las almas quisieran escuchar su voz cuando les habla en el fondo de sus corazones, llegarían a la cumbre de la santidad en poco tiempo. 

6. Amar al prójimo con obras y no solo con palabras: La misericordia es exigente porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil. Hay dos acciones muy puntuales que reflejan el amor al prójimo: la primera es ser paciente con quienes nos generan dificultades. La segunda es perdonar de todo corazón porque un corazón misericordioso recibe muchas gracias de parte de Dios. 

7. Combatir la envidia: El espíritu de Jesús es simple, apacible, sincero. Cada malicia, cada envidia y falta de bondad ocultada bajo una sonrisa de afabilidad es un diablillo inteligente. Una palabra dura, pero que proviene de un amor sincero, no hiere al enmascarado. Aprendamos a dar gracias por el bien que reciben los demás y por el bien que Dios evita que disfrutemos. A fin de cuentas, él sabe mejor que nadie lo que  necesitamos en cada momento.  

Estas siete invitaciones, hechas por Jesús a Santa Faustina Kowalska, nos pueden ayudar a crecer en nuestra vida espiritual. Si las ponemos en práctica, así sea solo una de ellas, vamos a ver grandes frutos en nuestro corazón e interior. 

Lo más bello de todo es que sentiremos el amor del Sagrado Corazón derramándose en nosotros y convirtiéndose en un manantial de vida eterna a nuestro alrededor. Hagamos que la jaculatoria de la Divina Misericordia sea un bálsamo para nosotros: “Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío”.

Más información 

El 11 de junio, como parte de la celebración del 250.º aniversario de la firma de la Declaración de Independencia, los obispos estadounidenses consagrarán a los Estados Unidos de América al Sagrado Corazón de Jesús. Visite usccb.org/es/weholdthesetruths para acceder a la Novena al Sagrado Corazón y a numerosos recursos.