Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo - Febrero 2026
Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Me gustaría compartir con ustedes algunas reflexiones sobre la generosidad, tal como se entiende desde las enseñanzas y tradiciones de la Iglesia. En este nuevo año, comenzamos el Año de la Catequesis — Entender la Fe— para Via Fidelis; luego, iniciamos un nuevo ciclo de recaudación de fondos de la Colecta Católica de Carolina del Sur; y, el 22 de febrero, entramos en el tiempo de Cuaresma.
Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Me gustaría compartir con ustedes algunas reflexiones sobre la generosidad, tal como se entiende desde las enseñanzas y tradiciones de la Iglesia. En este nuevo año, comenzamos el Año de la Catequesis — Entender la Fe— para Via Fidelis; luego, iniciamos un nuevo ciclo de recaudación de fondos de la Colecta Católica de Carolina del Sur; y, el 22 de febrero, entramos en el tiempo de Cuaresma.
Dentro de estas iniciativas diocesanas y del tiempo litúrgico, hay dos aspectos de la generosidad, presentes en el Antiguo Testamento y en la vida de Jesús, en los que me gustaría centrarme: la creación y el sacrificio. Ambos están interconectados y son fundamentales para la verdadera entrega de nosotros mismos.
El primer don que Dios dio a la humanidad fue el aliento de vida, del que se habla en Génesis. Nuestras vidas se encuentran entre las mayores creaciones de Dios, ya que fuimos creados a su imagen y semejanza. De la misma manera, estamos llamados a infundir vida al mundo que nos rodea, especialmente a las vidas de nuestros prójimos. Al cuidarlos con nuestros talentos y mejores esfuerzos, realmente “damos” como Dios quiere que lo hagamos. Los exhorto a dar haciendo el bien en cada oportunidad. Como dijo San Juan Bosco: “No dejes para mañana el bien que puedes hacer hoy”.
Y al crear, estamos llamados a sacrificar primero los “buenos frutos” de nuestras vidas. Como se dice en el libro de Proverbios: “Honra al Señor con tus bienes y con las primicias de todas tus ganancias: así tus graneros se llenarán de trigo y tus lagares desbordarán de vino nuevo” (3,9-10). Jesús lo demostró de la manera más clara en la cruz.
La caridad se considera una “virtud teologal”, un pilar fundamental de la ley y el orden de Dios entre sus creaciones. Cristo nos enseña que debemos entregarnos radicalmente, incluso a quienes se consideran nuestros enemigos. A pesar de nuestros sentimientos, debemos llevar a los demás a Jesús y hacerlo solo para la gloria de Dios, no para la nuestra.
Este mes, les pido que reflexionen sobre la vida de un santo al que admiren y consideren cómo creó y se sacrificó por la gloria de Dios. También les pido que revisen los párrafos 1822 a 1829 del Catecismo de la Iglesia Católica para comprender mejor nuestra fe compartida y universal. Tengan la seguridad de mis oraciones por ustedes durante este tiempo de penitencia.
“Honremos a Cristo, no con ramas de olivo, sino con el esplendor de las obras de misericordia hacia los demás” (San Andrés de Creta).
En el amor de Cristo,
Excmo. Mons. Jacques Fabre-Jeune, CS
Obispo de Charleston