Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo – Enero 2026
Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Al comenzar un nuevo año, estamos llamados a centrar nuestra atención en lo que el Papa León XIV y la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos nos han dicho acerca de nuestra vocación de cuidar a los necesitados.
Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Al comenzar un nuevo año, estamos llamados a centrar nuestra atención en lo que el Papa León XIV y la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos nos han dicho acerca de nuestra vocación de cuidar a los necesitados.
En octubre, el Papa León publicó su primera exhortación apostólica, Dilexi Te (Te He Amado). En esta exhortación, el papa nos recuerda la importancia de cuidar a los pobres. Señala que la pobreza “es un fenómeno multifacético. De hecho, hay muchas formas de pobreza: la pobreza de quienes carecen de medios materiales de subsistencia, la pobreza de quienes están marginados socialmente y carecen de los medios para dar voz a su dignidad y capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural, la pobreza de quienes se encuentran en una situación de debilidad o fragilidad personal o social, la pobreza de quienes no tienen derechos, ni espacio, ni libertad”.
Además, el Papa León nos dice que Dios elige a los pobres. Citando al Papa Francisco, dijo que el corazón de Dios “tiene un lugar especial para los pobres” y que “toda la historia de nuestra redención está marcada por la presencia de los pobres”. Dios ha elegido a los pobres como suyos y, por amor a él, debemos aliviar el sufrimiento de los demás. La Iglesia debe convertirse en una Iglesia para los pobres.
El Papa León dice que nuestra tradición de “visitar a los enfermos, lavar sus heridas y consolar a los afligidos” es “una acción eclesial” mediante la cual “tocamos la carne sufriente de Cristo”. Nos recuerda que cuidar de los pobres y los enfermos no es una “iniciativa filantrópica”. Es la forma en que nos unimos a nuestro Señor sufriente en la cruz.
La Encarnación sólo puede entenderse verdaderamente sabiendo que Cristo “tomó una carne que tiene hambre y sed, y experimenta la enfermedad y el encarcelamiento”. Al conocer y aprender de los pobres, llegamos a conocer y experimentar a Jesús.
El cuidado de los pobres está profundamente arraigado en nuestra fe católica: Cristo fue expulsado de la posada el día de su nacimiento, fue negado por sus discípulos más cercanos el día de su muerte y fue expulsado y crucificado por su pueblo. Recordemos que la imagen bendita del rostro de Cristo está grabada en cada persona humana y que debemos trabajar incansablemente para caminar con Cristo en el camino hacia nuestro hogar eterno.
“Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza” (Lc 9,58).
En el amor de Cristo,
Excmo. Mons. Jacques Fabre-Jeune, CS
Obispo de Charleston