Audio Content
Listen to this article ·

 | Por la Hna. Guadalupe Flores

Epifanía: Manifestación de Cristo, la luz que guía

Otra gran celebración que tenemos en nuestro calendario litúrgico es la Solemnidad de la Epifanía, en la que recordamos la visita de los tres Reyes Magos al niño Jesús nacido en un pesebre, trayéndole regalos de oro, mirra e incienso. En esta reflexión, analizaremos la definición de la palabra Epifanía y lo que los Reyes Magos quieren enseñarnos.

Primero, la palabra Epifanía proviene de dos palabras griegas: epi, “por encima”, y phainein, “brillar” o “hacerse visible”; juntas forman la palabra muy conocida por los cristianos, Epifanía, que significa “manifestación”. Esta empezó a emplearse en la Iglesia cristiana primitiva para recordar el momento de la adoración del niño Jesús hecho hombre, por los tres Reyes Magos venidos de Oriente. Es el momento en que se manifestó por primera vez la divinidad de Jesucristo ante el mundo entero.

San Juan Pablo II nos dice: “La Epifanía es la manifestación de Cristo como luz del mundo, que guía a los pueblos y creyentes, y simboliza la expansión del corazón de Dios para acoger a todas las naciones”. De la misma manera, el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: “La Epifanía es la manifestación de Jesús como Mesías de Israel, Hijo de Dios y Salvador del mundo. Con el bautismo de Jesús en el Jordán y las bodas de Caná, la Epifanía celebra la adoración de Jesús por unos ‘magos’ venidos de oriente” (n. 528).

Segundo, lo que los Reyes Magos nos han enseñado. Viajaron desde Oriente hasta Belén para adorar al Niño Dios. Una estrella resplandeciente los guió hasta el lugar donde se encontraba. Este hecho nos deja una gran enseñanza de fe, obediencia y humildad. Estas enseñanzas se pueden vivir:

Los tres Reyes Magos representan a las personas que buscan a Dios en sus vidas, sin desanimarse, y se dejan guiar por su fe para alcanzar la luz de Dios. De esta manera, encuentren al Jesucristo vivo y resucitado en sus vidas y así ofrecerle humildemente su servicio como constructores del reino de Dios. Porque buscar es un gran don, por lo cual podemos leer en el libro del profeta Jeremías: “Cuando me busquen, me encontrarán, porque me buscarán de todo corazón” (29,13).

La estrella que anuncia la venida de Jesús a todo el mundo. La estrella que guió a los tres Reyes Magos fue una luz de esperanza para todo el mundo. Al igual que los Reyes Magos, tenemos que dejarnos guiar por la Luz de Cristo que nos conduce al Padre y, de esta manera, ser luz en medio de la oscuridad para todos aquellos que buscan a Dios. El profeta Isaías dice: “¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti! Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti. Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora” (60,1-3).

Los Reyes Magos no eran judíos. Eran extranjeros que vinieron de Oriente, de lugares como Persia y Babilonia, de tierras lejanas, guiados por la luz de la estrella de Belén, para ver y conocer al Mesías profetizado en el Antiguo Testamento. El profeta Isaías dice: “Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel” (7,14).

Los Reyes Magos representan a la humanidad entera del mundo, por ser hombres de fe que creyeron y buscaron.

Los Reyes Magos dejaron su lugar de origen para ir en busca del Niño Dios. En esta búsqueda, ellos lo dejaron todo: su familia, sus bienes materiales, sus amigos y, sobre todo, a lo que estaban acostumbrados. Porque su viaje no fue nada fácil, tuvieron que enfrentarse a muchas dificultades e incomodidades durante su travesía inhóspita hasta llegar donde se encontraba el niño Jesús junto a sus padres. Por lo tanto, seguir a Dios implica renuncias y sacrificios en nuestro peregrinar. Pero cuando encontramos a Dios, habrá valido la pena todo sacrificio, porque encontraremos la paz y alegría completas que nos transforman y nos conducen a Dios.

La fe de los Reyes Magos: a pesar de que no entendían exactamente qué iban a encontrar en su búsqueda, se pusieron en camino, poniendo toda su fe y confianza en Dios y dejándose guiar por la estrella. El Papa León XIII dijo: “Estos sabios son llamados los primeros frutos de nuestra vocación y de nuestra fe” (Catholicae Ecclesiae 1890).

Creían, aunque no entendían. Quizás pensaban que encontrarían a Dios en un palacio lleno de lujos y comodidades, pero cuando lo encontraron en un humilde pesebre, eso no les impidió entregarle sus regalos y adorarlo. Ésta es una enseñanza para nosotros: tenemos que estar alertas a los signos de los tiempos en cada momento de nuestras vidas. “Porque no tenemos puesta la mirada en las cosas visibles, sino en las invisibles: lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno” (2 Cor 4,18).

Los Reyes Magos nos enseñan a tener fe en aquello que no podemos ver ni tocar, sino en dejarnos guiar por la luz del mundo, que es Cristo.

En nuestra reflexión, podemos decir que la Epifanía es el momento en que Dios se manifiesta al mundo entero sin distinción de razas ni colores. De la misma manera, debemos seguir el ejemplo de los Reyes Magos, que buscaron sin desanimarse y siguieron la luz de la estrella, la fe que tenían y su plena confianza en Dios, a pesar de no ser judíos. El Papa Francisco insiste en que “debemos ver al mundo con los ojos de los niños, quienes nos enseñan sobre la simplicidad y el asombro, y también a reconocer a Jesús en los más vulnerables y sufrientes”.


La hermana Guadalupe Flores, OLVM, es la coordinadora de Formación de Fe de Adultos para la oficina del Ministerio Hispano. Envíele un correo electrónico a gflores@charleston​diocese.org.