Enfóquense en la alegría que Dios esparce en la vida familiar
En medio del ajetreo que llena nuestros días, es fácil subestimar la fuerza de las cosas sencillas. Dedicamos mucho tiempo y energía a la salud, la educación, las actividades extracurriculares y el desarrollo social de nuestros hijos. Pero es importante no pasar por alto el lado más ligero de la vida. Cultivar un espíritu de alegría, diversión, humor y espontaneidad es el secreto de un corazón gozoso y de una vida familiar feliz.
Es bíblica y biológica: ¡Dios es el autor de la alegría! Proverbios 17, 22 nos dice: “Un corazón alegre es el mejor remedio”. Y el salmista proclama: “Nuestra boca se llenó de risas, y nuestros labios, de canciones. Hasta los mismos paganos decían: ‘¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!’” (126, 2). La risa alivia el estrés, libera hormonas que nos ayudan a procesar situaciones difíciles y fortalece nuestra resiliencia. Actúa como antídoto frente a los efectos del duelo y la preocupación; en pocas palabras, la risa es buena para el cuerpo y para el alma.
Aporta alegría: Aunque las situaciones estresantes y las decepciones ocurren con frecuencia en la vida de un niño, como padres, nuestra tarea es no permitir que esos momentos difíciles los consuman ni les roben la alegría. La risa, el humor y la diversión fueron creados por el Padre, que ama levantar y restaurar nuestras almas cansadas cuando las cosas se ponen difíciles. La alegría que habita en nuestro interior viene del Señor, y florece cuando hacemos cosas que nos hacen reír y encontrar humor en nuestros días.
Es un antídoto contra la preocupación: Cuando animamos a nuestros hijos a reírse de sus errores y de las cosas disparatadas que suceden fuera de su control, los ayudamos a aprender a no tomarse a sí mismos demasiado en serio. El humor y la diversión pueden derribar los muros de la preocupación y evitar que se queden atrapados en el “asco” de un mal día.
Entreteje la diversión: La risa y la diversión espontánea necesitan formar parte del ritmo diario de la vida familiar. No hay nada como el sonido de la risa para levantar el espíritu. Buscar lo disparatado es una gran misión. Reserven tiempo para juegos, concursos y momentos de diversión. Hagan preguntas tontas, vean películas graciosas, organicen un concurso de “no me vas a hacer sonreír” y dediquen tiempo a hacer cosas que disfrutan juntos, sin importar lo lleno que esté el horario.
La hora de la cena o el momento de la oración en familia es la oportunidad perfecta para compartir algo divertido o gracioso que haya ocurrido durante el día. Esto puede dar forma a la conversación y dirigir la mirada hacia algo que levante el ánimo; además, es una excelente ocasión para enfocarse en las maneras en que Dios esparce alegría en nuestros días.
- “Bienaventurados ustedes, los que ahora lloran, porque reirán”.
-LC 6, 21
Sheri Wohlfert es una mujer, esposa, madre, abuela, conferenciante y escritora católica. Puede leer su blog en www.joyfulwords.org.