
El poder de la cruz: ¿Por qué exaltamos la manera en que murió Jesús?
La cruz es el símbolo de todo cristiano porque nos recuerda cuál es nuestra vocación. Además, es la respuesta y el antídoto a los tres males que aquejan a todo ser humano: el primero es nuestra naturaleza herida que exige como derecho la comodidad y satisfacción de los placeres; el segundo es un mundo dividido que nos distrae con riquezas y competencias; y, por último, las tentaciones que el enemigo ha planeado para nuestra perdición. El demonio odia la cruz porque evoca el amor infinito que rechazó y que no quiere que ninguna otra criatura reciba.
La cruz es el símbolo de todo cristiano porque nos recuerda cuál es nuestra vocación. Además, es la respuesta y el antídoto a los tres males que aquejan a todo ser humano: el primero es nuestra naturaleza herida que exige como derecho la comodidad y satisfacción de los placeres; el segundo es un mundo dividido que nos distrae con riquezas y competencias; y, por último, las tentaciones que el enemigo ha planeado para nuestra perdición. El demonio odia la cruz porque evoca el amor infinito que rechazó y que no quiere que ninguna otra criatura reciba.
Hoy en día, la cruz está desapareciendo de las casas de los vivos y de las tumbas de los muertos. Para muchos, Jesús que está en la cruz es un mero símbolo, e incluso algunos se atreven a decir que Cristo no murió en la cruz por ser esta un signo de humillación y derrota. Sin embargo, estas personas ignoran el poder de Cristo para cambiar la humillación en exaltación, la derrota en victoria y la muerte en vida eterna.
Jesús sabía que la predicación y el suceso de la cruz iban a generar rechazo, por eso preparó a sus discípulos advirtiéndoles que debía ir a Jerusalén para sufrir y morir. En el Evangelio de Mateo se ve claramente que los pensamientos de los hombres son muy diferentes de los de Dios: Pedro nos representa a todos cuando le dice a Jesús que no debería padecer ninguno de estos sufrimientos.
Jesús lo reprendió diciéndole: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres” (Mt 16,23). Jesús deja claro que quien se oponga a la cruz está del lado del enemigo, del orgulloso y soberbio, del que odia la cruz y el sufrimiento, porque por medio de la humildad y la obediencia hasta la muerte fue como Cristo lo venció de una vez y para siempre. La cruz se convirtió en nuestra victoria, y por ella Dios ensalzó a Jesús y le dio el nombre que está sobre todo nombre.
La sangre de Cristo tiene el poder de liberarnos, de protegernos, de sanarnos, de abrirnos las puertas del paraíso. Si la tierra que pisó Jesús es tierra santa, el madero que quedó bañado en su sangre con más razón lo es. Cristo, el bendito, al bañarlo con su sangre, lo convirtió en camino de salvación. Recuerda no fue la cruz la que mató a Jesús, sino que fue nuestra humanidad pecadora la que lo condenó a esa muerte tan dolorosa. El castigo que nosotros debíamos sufrir lo asumió en obediencia y con amor eterno. Por sus llagas las nuestras han sido curadas, por su dolor el nuestro ha sido aliviado, por su muerte nuestras vidas ha sido restauradas.
Además, la cruz nos enseña nuestra identidad porque allí encontramos nuestra dignidad. En ella comprendemos que somos hermanos de Jesucristo e hijos del mismo Padre en el Espíritu. El madero que soportó los brazos abiertos de Cristo nos enseña cómo Dios quiere que nos amemos: como él lo ha hecho.
El Señor resucitado no borró de su cuerpo las señales de la cruz, sino que se convirtieron en la señal de su victoria. Para nosotros los cristianos, entonces, la cruz es la síntesis del Evangelio: nosotros predicamos a un Cristo crucificado que nos abre las puertas del cielo. Quien la rechace está abandonando el camino y está rechazando al Crucificado.
La cruz de Jesucristo es el único camino de luz y de salvación.
Cristina Umaña Sullivan es socióloga cultural que se ha dedicado a la evangelización por más de 10 años con especialidad en Teología del Cuerpo y creación de identidad desde la perspectiva cristiana. Envíele un correo electrónico a fitnessemotional@gmail.com.