¿Cuál es el reino de la Virgen María?
“Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte” (El Catecismo de la Iglesia Católica, 966).
“Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte” (El Catecismo de la Iglesia Católica, 966).
Al leer las historias de los reyes y reinas de otras épocas, encontramos biografías sumergidas en batallas y luchas por el poder. Lo mismo sucede con la coronación y el reinado de la Virgen María, porque, lejos de ser una escena fantasiosa, es el mayor de los reinados, atravesado por la batalla más apremiante y trascendental de la historia: la batalla entre el Bien y el Mal.
Esta fiesta tiene sus raíces bíblicas en el capítulo 12 del Libro del Apocalipsis, donde una reina embarazada es coronada con estrellas y da a luz un hijo. Inmediatamente empieza una guerra porque un dragón quiere devorar al niño; este es protegido y puesto a salvo, pero la guerra continúa entre los ángeles. El reinado de María no es un símbolo sentimental, sino que está asociado con un conflicto cósmico: la gran batalla entre el mayor de los bienes y el peor de los males. El hijo que nace de ella es el designado para salvar al mundo, pero solo después de una gran lucha.
Justo antes de esta escena aparece el Arca de la Alianza. ¿Quién es María? Ella es el Arca de la Alianza en su máxima expresión, porque lleva dentro de su cuerpo la presencia del Dios vivo. Ella es el Templo, el lugar donde Dios habita.
Al dar a luz queda involucrada en una batalla. En el Antiguo Testamento, Israel llevaba el Arca de la Alianza al campo de batalla para tener consigo la presencia de Dios al momento de oponerse a sus enemigos, como sucedió en Jericó cuando derribaron los muros de la ciudad.
Lo mismo se dice de María: ella es la reina madre involucrada en una batalla cósmica, el Arca de la Alianza que trae la presencia de Dios para garantizar la victoria. He aquí un hermoso detalle: cuando María visita a Isabel, Juan el Bautista salta de alegría en el seno de su madre, eco de la danza que hizo el rey David frente al Arca de la Alianza.
Todas estas asociaciones nos señalan que nuestra vida terrenal es un campo de batalla, y la gran pregunta es: ¿de qué lado nos encontramos? ¿Nos ubicamos donde se encuentra el Arca de la Alianza? ¿Vamos a pelear la gran batalla del amor verdadero? Cualquier decisión que tomemos tiene sus raíces en esa respuesta fundamental, porque Satanás utiliza mil artimañas para que peleemos desde su bando, o al menos para que desistamos de pelear en el bando de la Reina del Cielo.
La fiesta del reinado de la Virgen María es una invitación a reflexionar de qué lado estamos en esta batalla cósmica. María ya ha sido coronada y su reinado ha abierto las puertas de la victoria, ¿estamos luchando para entrar por ellas? La fe es una batalla y perseverar es una hazaña que a veces parece absurda. Sin embargo, fiestas como esta nos recuerdan que la verdadera lucha no solo vale la pena, sino que vale la vida.
Cristina Umaña Sullivan es socióloga cultural que se ha dedicado a la evangelización durante más de 10 años, con especialidad en Teología del Cuerpo. Puedes escribirle a fitnessemotional@gmail.com.